17 de mayo de 2026 · Iria Lage

Feria y stories el mismo fin de semana: cómo no pisarse el relato

Crónica de un salón de alimentación en el que el stand prometía una cosa y las stories del equipo, otra. Notas para el próximo calendario de feria.

Público en un pabellón de feria con iluminación de recinto

El stand olía a caldo y a moqueta nueva. En el mostrador, una hostess ofrecía cucharas de plástico y un claim sobre receta de pueblo. En el teléfono de la brand manager, a diez metros, un story mostraba el mismo caldo en un vaso de cristal, con una servilleta de lino que no estaba en el recinto.

Los compradores de cadena que se acercaron preguntaban por el vaso. El equipo de feria no lo tenía. La pieza de redes se había rodado en un piso de alquiler dos semanas antes, con atrezo que nadie trajo a Barcelona. El desajuste no es grave en abstracto; es grave cuando el comprador anota «el producto de la foto» y el lineal recibirá «el producto del stand».

Propuesta de mesa para la próxima feria: una sola paleta de objetos. Si el story enseña cuchara de madera, el stand pone cuchara de madera. Si el claim habla de pueblo, el texto del roll-up no habla de laboratorio, aunque el laboratorio sea cierto y esté en el etiquetado.

Otra nota: los vídeos verticales grabados en el pasillo, con ruido de megafonía, suelen ser más honestos que el piso de alquiler. Menos «bonitos», más útiles para quien no vendrá al pabellón. Varias marcas pequeñas lo hicieron este año y sus piezas se reenviaron en grupos de WhatsApp de detallistas, que es una circulación menos vistosa y más cercana al pedido.

Schema Porthub no produce stands. Si nos encargan cobertura, pedimos ver el storyboard de redes y el plano del stand el mismo día. Si no coinciden, lo escribimos antes de que el comprador lo note con la cuchara en la mano.

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